




Comentario/Sinopsis:
La impronta emocional de Oiarzabal niño y su padre ( imagen generacional a imitar con su hijo Mikel ), que ascienden por los montes alaveses; marca el inicio de esta autobiografía ( coautor, Roberto Palomar ). En Egino descubre la escalada ( su gran pasión, aunque lo conozcamos más por sus logros himalayistas ), para ir ampliando su ansia de nuevos retos a Picos de Europa y Pirineos; Alpes, América y, por fin, Himalaya ( su gran amor ). De primera voz nos narra cada una de sus 21 cumbres a los ochomiles de la cordillera. Un historial alpino que lo ha encumbrado a la élite deportiva a costa de sufrimiento ( fallecimiento de compañeros de cordada, separación de su mujer y de amigos, desencuentros y malentendidos; pérdida de diez dedos y – en varias ocasiones- de casi la vida ... ). Según él nos comenta ( una de las pocas intimidades confesada ): “ No sabe, ni quiere hacer otra cosa, más que ascender montañas ”.
* Obra de fácil y rápida lectura; en donde se perfila al himalayista, pero no al hombre ... ¡ Y es una pena ! Ya que una vida deportiva tan intensa, bien merecía ahondar – de propia voz – en la persona; asi que – a la fuerza – nos quedamos con el personaje y sus logros.
Comentario del coautor ( le acompañó hasta los 7.000 m de altura en el ascenso al Everest, como periodista del diario Marca – uno de los patrocinadores de la expedición ), sobre el “ temperamento” del polémico Juanito Oiarzabal:
“ Gruñón, generoso, listo, duro, exigente, meticuloso, sacrificado, instantáneo, vivo, terco, inteligente, de genio pronto ... Buena persona, al fin. Tras su imagen rocosa ... se esconde un individuo sensible, sin dobleces, limpio como esas aristas que suben directas a la cumbre ” ... ( pág. 8 ).
Valoración global: 8