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En agosto del 2002 mi amigo Santiago y yo coincidimos para hacer la travesía del pico Rusell. Después de un montón de años de hacer montaña juntos y otros tantos sin poderlo hacer, esta ascensión fué un verdadero reencuentro de veteranos. Las circunstancias quisieron que también viviéramos una bonita aventura. Como en los viejos tiempos...
TRAVESIA DEL PICO RUSSELL (2002.08.15)
Hacia mucho tiempo que no realizaba una ascensión de cierta entidad con mi amigo Santiago. En los últimos años, nuestras circunstancias familiares y profesionales han sido complejas y sólo hemos podido coincidir en algunas excursiones familiares.
Pienso que Santiago ha sido, es, y espero que seguirá siendo, mi mejor compañero y amigo de montaña. No conocimos en la escuela cuando teníamos 14 años. Empezamos a ir juntos al monte un año mas tarde. Fue la época en que pase de ir de excursión una vez al mes con un grupo numeroso guiado por un monitor, a hacerlo por nuestra cuenta y con dos o tres amigos casi todos los fines de semana. Al mismo tiempo, los recorridos de baja o medía montaña dieron paso a itinerarios de alta montaña cada vez mas complicados, donde a veces el empleo de la cuerda era necesario.
Así fue como Santiago y un servidor empezamos a formar cordada de forma habitual. Pero no abusamos de esta circunstancia. Esto evitaba que nos cansáramos el uno del otro. Además nos permitía pertenecer a distintos grupos de amigos dedicados o no a actividades de montaña. Y así seguimos durante años? Conforme me hice mayor fui dejando a un lado los itinerarios difíciles, y mas allá de los 30 años, éstos se hicieron poco frecuentes. A partir de entonces realizamos muy pocas ascensiones los dos solos.
Santiago y yo tenemos caracteres y forma de ser muy diferentes. Tal vez por esto nos complementamos. En los muchos años que hace que nos conocemos, casi no hemos discutido y mucho menos enfadado. Asimismo, nunca hemos tenido ningún percance grave, y eso que oportunidades no nos han faltado. No voy a referirme a las excursiones y ascensiones que hemos realizado juntos.Tampoco voy a explicar las muchas anécdotas y situaciones extrañas e hilarantes que nos han ocurrido en todos estos años. Sólo diré que hacía mas de 7 años que no realizábamos una ascensión ?guai? juntos, pero no había manera de coincidir. Finalmente la oportunidad se presentó en el verano del 2002 . Nos decidimos por el pico Russell, una hermosa cima de 3205 m situada en el extremo del cordal S-E que se desprende del Aneto.
Tanto Santiago como yo ya habíamos subido el Russell hace bastantes años. El lo hizo en invierno con un grupo de buenos escaladores y montañeros. Según me contó, se aproximaron con esquís desde el valle de Ballibierna hasta el pie del espolón S-O, que remontaron escalando hasta la cima. Después continuaron por la cresta, atravesaron la difícil brecha Russell y llegaron hasta el pico de Margalida, descendiendo del mismo por su fácil vía normal. Completaron así una ruta preciosa y de gran nivel.
Mi ascensión fue mas discreta. La realicé durante el otoño de no recuerdo que año. Desde el valle de Ballibierna subimos al lago de Llosás. Después remontamos la enorme pedrera que cubre la canal que se desprende de la cara S-O, y alcanzamos una brecha en la cresta S. Desde allí seguimos por la cresta hasta la cima. El descenso lo realizamos por la vía normal, siguiendo el corredor y la cornisa de la vertiente oeste.
Para nuestro ?reencuentro montañero? decidimos realizar la travesía de la montaña. Subiríamos por la diagonal de la cara S, un itinerario mas complicado que difícil, que transcurre en un ambiente severo, y del que sólo teníamos referencia por las guías de Josep de Tera y de David Atela. La bajada sería por la vía normal de la cara oeste. Partiríamos desde la presa de Llauset, pues la pista de acceso al Valle de Ballibierna desde el Valle de Benasque estaba cerrada a vehículos, y los horarios del microbús no nos iban bien. El acceso desde Llauset tiene el inconveniente de quedar bastante apartado, alargando considerablemente el itinerario, sobre todo a la vuelta.
Son las 5.30 h del 15 de Agosto, cuando el monovolumen de Santiago me recoge en Laspaules. Un cielo oscuro y estrellado,y una temperatura mas bien fría anuncian un buen día. Continuamos por la carretera hasta encontrar la N-230, que seguimos en dirección a Viella. Pasamos por Vilaller, y unos kilómetros después, tomamos la desviación al pueblo de Aneto. Tras dejarlo atrás la carretera continua ascendiendo durante 9 Km por el lado derecho del valle de Llauset, hasta alcanzar la Presa de Llauset a 2190m, tras recorrer el último kilómetro por un túnel oscuro y con puertas en la entrada. Son las 6.15 h y el día empieza a despuntar.
Dejamos el coche en la zona habilitada como aparcamiento. El embalse, de una gran extensión, esta casi lleno y el nivel del agua queda unos 20 metros mas abajo. Mas allá de la presa unas pendientes, primero herbosas y después pedregosas, se elevan largamente hasta el collado de Llauset a 2840 m. Cerrando el valle por la derecha, la gran mole rocosa y alargada del pico de Ballibierna se eleva hasta los 3067 m. Nuestro objetivo, el Pico Russell, no es visible desde aquí. Y habremos de caminar un buen rato antes de poder observarlo...
Estamos impacientes por salir. Rápidamente cumplimos con el ritual de calzarnos las botas, acabar de organizar las mochilas y cambiar el agua de las olivas. A las 6.30h nos ponemos en marcha. La temperatura es fresca pero muy agradable. Salimos del aparcamiento y seguimos el GR11, perfectamente señalizado. En seguida pasamos por un corto túnel, tras el que dejamos a la derecha el camino que sube al Collado de Anglios. Nuestra senda bordea, tediosa y laboriosamente, la orilla N del embalse, primero subiendo y después bajando. Sabedores de la larga marcha que nos espera, caminamos despacio y sin parar de hablar. Es justamente la posibilidad de hablar la que nos marca el ritmo de marcha, a la vez que la hace mucho mas agradable.
En unos 25 minutos alcanzamos el final del embalse. El GR deja a la izquierda el sendero al collado de Llauset y continua a la derecha, hacia el N, ascendiendo en fuertes lazadas hacia la el lago de Botornas (2347 m) ,al que llegamos a las 7.30h. El sol baña las cimas de las montañas y el cielo es de un azul brillante,sin una sola nube.
Bordeamos el lago por la derecha y seguimos ascendiendo por el valle que lo alimenta. Mas arriba, a unos 2450 m, el GR tuerce a la izquierda (poste indicador) y sube un fuerte repecho entre hierba y relieves graníticos. Aquí adelantamos a una familia que, con semblantes cansados y de desorientación, nos preguntan por donde se va al Ballibierna. Les indico que deben seguir un rato por el GR y, al alcanzar una zona de llanos abierta al S-O, abandonarlo para continuar es esa dirección. Desgraciadamente no me entienden o no me creen, y continúan tras nosotros. Mas arriba descubrirán su error y deben realizar una incómoda travesía para recuperar el itinerario.
Proseguimos a buena marcha por el camino. Tras atravesar algunas canales y pedreras, alcanzamos el collado de Ballibierna (2728 m). Son las 8.30 h. Llego el primero y tengo premio : unos fantásticos prismáticos que alguien ha olvidado sobre una roca del mismo collado, justo al lado del poste indicador. Le comunico mi hallazgo a Santiago, que me mira perplejo. Es curioso, pero hace unos 14 años, muy cerca de aquí, en la ruta de ascenso al Ballibierna, él también se encontró unos prismáticos.¡Esta debe ser la montaña de los prismáticos perdidos!
Por fin nos da el sol. Hacemos una breve parada . Comemos, bebemos, hacemos fotografías y disfrutamos del paisaje. Hacia el norte, todavía en sombras, está la vertiente del valle de Ballibierna. En ella vemos, unos 250 metros mas abajo, los lagos del mismo nombre . Frente a nosotros, encima de los lagos y al final de una inclinada canal de hierba de unos 150 m de desnivel, se encuentra el collado de Soler y Coll . Este paso da el acceso a la vertiente de Llosas, por donde transcurre la vía normal del Pico Russell. Observo con atención como es el terreno entre esta collada y el lugar en el que nos encontramos, ya que de vuelta tendremos que pasar por ahí.
Al N-O se destaca una gran montaña defendida por paredones de rocas graníticas. Es el Pico Russell, nuestro objetivo. Desde aquí sólo vemos su vertiente y cresta S, que se prolonga largamente hasta el collado de los Isards o de los Bocardos. Entre nosotros y este collado se eleva la cima del Cap de Llauset (2869 m), rocosa, muy aguda y difícil de superar. La vertiente norte de este pico, sin llegar a ser vertical, es muy inclinada, estando formada por grandes y compactas losas de granito separadas por repisas herbosas.Nuestro itinerario abandona el GR en el punto en que nos encontramos y atraviesa en diagonalmente esta vertiente sombría, para alcanzar el collado de los Isards. Las guías catalogan este tramo como complejo y delicado. A nosotros no nos lo parece y, aunque no hay camino ni trazas de sendero, si observamos algunos cairns e incluso alguna traza de paso.
Son las 8.40h cuando, con la moral a tope por el día, el ambiente y, en mi caso, por los prismáticos, iniciamos la travesía. Resulta mucho mas fácil de lo que pensábamos. Sin muchos problemas aunque con cuidado, recorremos a buen ritmo este inclinado laberinto de rocas y terrazas. A las 9.00h alcanzamos el poste señalizador del collado de los Isards (2803 m). Hemos necesitado unos 20 minutos para realizar el pasaje. Nos vuelve a dar el sol, el cielo sigue azul intenso y no se ve una nube. Todo presagia un día magnífico. Pero los presagios no siempre se cumplen?
Hacia el este y unos 150 metros mas abajo, contemplamos un gran lago alargado y rodeado por rocas y pedreras. Es el lago Packe o del Cap de la Vall. Mas al norte, continua una inmensa cuenca pedregosa y bastante ondulada, que finaliza en los amplios paredones de la ancha vertiente S-E del Pico Russell. Al oeste, y bastante mas abajo, vemos los lagos de Ballibierna. Al sur, y detrás de un contrafuerte rocoso, aparece la parte superior de los picos de Ballibierna.
Desde el collado en que nos encontramos sale hacia el N-O una larga y fina cresta rocosa que finaliza en la cima. Su recorrido es complejo. Primero, y durante unos 300 metros, es horizontal. Después se yergue durante 200 metros de desnivel hasta alcanzar una punta, desde la que gira al N para continuar horizontalmente hasta dar con la muralla terminal del pico. A partir de allí, la cresta se hace casi vertical y, en otros 200 metros de desnivel, presenta varias agudas agujas rocosas o gendarmes. Calculo que el recorrido total hasta la cima debe ser de 1.5 Km, y que debe requerir no menos de 2-3 horas de escalada de dificultad media-baja en un marco grandioso. Un bonito proyecto para el futuro, si hay fuerzas y posibilidades para ello...
Pero volvamos a la realidad. Estamos en el Collado de los Isards ¿ Y ahora qué?. Pues nada. Primero que todo hacer unas fotografías. Después consultar el mapa y localizar la continuación de nuestro itinerario. También aprovecho para dar a Santiago un cursillo acelerado de empleo del GPS. Ilusionado sostiene con la mano el pequeño y poderoso artilugio, que permite conocer las coordenadas (latitud, longitud y altura) del punto en que nos encontramos. Nos complacemos como tontos al ver que su aparato y el mío prácticamente marcan lo mismo, y que coinciden bastante con los datos del mapa. ¡Menos mal!, pues estos chismes no son precisamente baratos. De ahora en adelante iremos marcando puntos de posición en nuestros GPS, que nos permitirán rehacer sobre el mapa el itinerario recorrido. Esta tarea tiene una ventaja adicional, y es que, al igual que las fotografías, es un buen pretexto para hacer algunas paradas adicionales de forma individual. La frase ?tira,tira, que paro un momento para marcar la posición y hacer una foto??, se hace habitual... ¡Bendita tecnología!
¡Pero ya me he vuelto a ir a las nubes! Estábamos en el Collado de los Isards. Tras finalizar todos los quehaceres técnico-artístico-geográficos, continuamos por la cresta unos 300 metros hasta que ésta empieza a enderezarse. Justo en ese punto deberíamos encontrar otro poste indicador ¡y así ocurre! .Desde aquí bajamos al N-E por una corta canaleta, que nos sitúa a en la parte superior de la compleja cuenca pedregosa situada bajo el Pico Russell. El paisaje es desolador, todo es granito y no hay ni rastro de hierba. Avanzamos al N-E subiendo, bajando y sorteando los montículos pedregosos de una inmensa tartera . Justo cuando empiezo a arrepentirme de no haber llenado la botella de agua, y me imagino lo bien que los pasaré con este sol y con sólo 2 bricks de 0.2 l de zumo de melocotón y uva, llega el milagro. Tras superar una de las muchas grupas de rocas descubro un pequeño lago encajonado. Y eso no es todo. No es el único. Hay mas. Algunos incluso tienen en su orilla pequeñas zonas herbosas. Tamaña visión se nos antoja un Jardín del Edén. Bajamos hasta ellos y paramos a desayunar. Son las 9.20 h y el GPS marca 2830 m.
Un poco de queso, dos plátanos, un yogourt, un brick de zumo y dos caramelos. Todo regado con buen agua de la tierra. Una comida copiosa que no tarda en provocarme una diarrea, también copiosa?
La parada dura 20 minutos largos. Desde aquí inspeccionamos la continuación del itinerario. Debemos localizar una diagonal muy clara que sube por la pared de derecha a izquierda. Bueno, clara lo que se dice clara, no la vemos, pero si intuimos una línea rocosa que podría serlo. Así que damos por bueno este camino y salimos en dirección al mismo.
El terreno continua con la misma tónica de piedras, piedras y mas piedras. Grandes, pequeñas, medianas y, eso si, todas sueltas. Atravesamos toda la cuenca pedregosa de izquierda a derecha (O a E) hasta situarnos en su extremo. Entonces empezamos a subir muy a la derecha (E) de la cima. Nuestra intención es realizar una gran comba que nos permita ganar desnivel y salvar las inclinadas e inestables pendientes rocosas de la base de la pared. De cuando en cuando encontramos algún cairn o algo que se le parece. No hay senda ni huella de paso. El lugar es absolutamente salvaje. Nos sentimos agradablemente solos, ?en el coño del mundo?...
Avanzamos lentamente, apoyando bien los pies para evitar que se deslicen las piedras. Se trata de dar un paso y avanzar un paso, lo que no siempre conseguimos. Conforme ascendemos se nos va mostrando la famosa diagonal. Se trata de una estrecha canal que, en unos 300 metros de desnivel, salva la pared E del pico, ascendiendo casi paralela y unos 50 metros por debajo de su arista E. Se ve muy derecha, con el fondo pedregoso y obstaculizado por algunos resaltes. No nos parece difícil, pero si cansada y muy delicada, al haberse de evitar desprender piedras que podrían tener consecuencias peligrosas para el que va detrás.
Despacio pero sin parar recorremos la comba. El trazado que hemos escogido es el mas adecuado y nos dirige directamente al principio de la diagonal. Tras remontar al E unos 100 metros de desnivel, giramos a la izquierda, y flanqueando unas incomodas pedreras sin prácticamente subir, alcanzamos un corto escalón rocoso. Lo bajamos sin dificultad y nos situamos al pie de la diagonal. Son las 10.30h y el GPS marca 2920 m.
Hasta ahora hemos subido los dos juntos, pero ahora por prudencia nos separamos. Yo voy delante y Santiago me sigue a unos 100 metros. De esta forma reducimos el riesgo de las posibles caídas de piedras, que inevitablemente siempre se producen. La canal es estrecha (5-10 metros) y muy inclinada (40-45º). En varios sitios forma cortos resaltes rocosos, que se pasan sin mas dificultad que la de evitar tirar piedras. No es una canal profunda, sino mas bien una repisa, de forma que a la izquierda tienes vista,a veces bastante vertiginosa, de la pared.
Conforme subo me siento cada vez mejor y mas contento. Sin darme cuenta voy incrementando la cadencia de mi marcha por este terreno intrincado. Hago algunas paradas para no distanciarme demasiado de mi amigo, que aprovecho para hacer fotografías y marcar la posición en el GPS. Poco a poco todo va quedando por debajo. La cuenca pedregosa con sus lagos, el Collado de los Isards, incluso el de Ballibierna, todo va apareciendo a mis pies. El avance es muy fácil, pero requiere de experiencia por el tipo de terreno y por el ambiente en que transcurre. Me imagino que en invierno esta ascensión debe ser difícil y comprometida, para gente experta y exigente?
Son las 11.20 h cuando alcanzo la estrecha brecha donde finaliza la diagonal. Asciendo a una pequeña punta situada a su izquierda (S). Aquí finaliza la arista S,que partía del Collado de los Isards. Se ve impresionante, sobre todo en la parte final, donde una alta torre barra todo acceso fácil. Miro hacia abajo y un poco al O. Una compleja pared de placas de granito, terrazas y canales se abre a mis pies. Pienso que por aquí debí subir la vez que vine a esta montaña, pero no logro reconocer por donde. A diferencia de entonces, ahora todo me parece muy difícil y, sobre todo, peligroso.
Vuelvo a la brecha y asciendo unos pocos metros a la derecha (N) para situarme sobre la arista E. El GPS dice que estoy a 3180 metros. Me siento en una roca a esperar a Santiago y a disfrutar de la paz del momento. Entonces suena el teléfono móvil, ¡vaya cojones tiene la técnica!. Decido pasar de la llamada. Pero la llamada no pasa de mí. ¡Vuelve a repetirse hasta 3 veces! O es algo realmente importante, o es mi madre la que llama. Así que cojo el teléfono de la mochila y contesto. Es mi madre? Tras un ?breve? monólogo de casi 10 minutos, que se ha visto obligada a reducir al saber de mi situación en ese momento, me da recuerdos y besos para Santiago y se despide, no sin antes recomendarme prudencia. En esto llega mi amigo que se sorprende al verme enganchado al teléfono, y me mira divertido cuando, con voz de mártir, le explico lo que me acaba de ocurrir.
Lo que queda debe ser fácil. Rápidamente superamos caminando un corto tramo de cresta rocosa y alcanzamos la cima S-E del pico Russell (11.40 h, 3203 m). Prácticamente no paramos y continuamos hacia la cumbre N-O, que es la mas alta, la buena. Con las prisas y la excitación sólo pensamos en ir a toda cresta, y la cagamos?
Entres las dos cumbres se extiende una tramo de cresta de unos 200 metros. Empieza fácil y poco a poco se va afilando hasta llegar a tener menos de un palmo. A ambos lados de la arista hay paredes verticales de entre 20 y 50 metros de alto, a las que siguen abruptas pendientes cortadas a pico, que terminan en grandes pedreras situadas entre 300 y 500 metros mas abajo. El avance ligero, agradable y seguro se vuelve lento, poco agradable e inseguro.
Debemos guardar los palos de esquí para que nos queden libres las manos, que son de uso obligado. Con todo, nuestro pasado escalador nos ayuda a superar este tramo, e incluso nos permite disfrutar un poco del mismo. Hacía el final de la cresta, con la cima N-O a tocar de mano, llega la guinda. La arista se interrumpe bruscamente y forma un escalón que cae a plomo o desplomado en todos lados excepto en el sur. Allí ,una losa fisurada, casi vertical y de unos 10 metros de altura, baja hasta una canal. Este es el único punto de paso. Voy primero y dudo. Santiago me ofrece sacar la cuerda, pero le digo que no lo creo necesario.. ¡Menuda machada!.
Con gran cuidado, me deslizo cara a la pared por la losa, asiéndome a los agarres que, afortunadamente, son sólidos y abundantes. En muy poco tiempo llego a la canal. Asciendo caminando hasta su parte mas alta para fotografiar a Santiago en el paso de marras. Entonces miro al otro lado de la cresta y veo, veinte metros mas abajo, un claro y marcado sendero que, pasando por su base, comunica las dos cumbre del Pico Russell . No me veo la cara de imbécil que debo de tener, pero me la imagino. Y mas al ver la de Santiago cuando llega a mi lado y ve el camino que habríamos de haber tomado. Quitamos hierro al asunto. A fin de cuantas todo ha ido bien, y esta crestecita ha dado emoción y nivel a la ascensión.
En pocas zancadas alcanzamos la cumbre N-O .Son las 11.40 h. Estamos a 3205 m, algo que sabemos, no porque lo indique el GPS (que da 3207 m), sino porque hay una pequeña ?varita mágica?, como de Hada Madrina (con estrellita y todo) donde esta grabado el nombre y la altura de esta montaña. Hemos invertido 15 minutos en el tramo de cresta entre las dos cimas. Por el camino no habríamos estado ni 5 minutos. Pero ahora eso no importa lo mas mínimo. ¡Estamos en la cima! ¡Lo hemos conseguido! Nos damos la mano. Hacía tiempo que no nos dábamos la mano en una cima y experimento una intensa emoción. Dejamos las mochilas en el suelo y nos disponemos a gozar del paisaje, que es impresionante y muy difícil describir con palabras.
Lo primero que llama la atención es la cercanía de los picos de Margalida (3244 m) y de Tempestades (3290 m). Ambos quedan situados al N-O, y ligeramente elevados sobre una inmensa pedrera que llega hasta casi sus cimas. En la misma dirección pero mas atrás, el Aneto (3404 m), con sus notables paredes rocosas. Al oeste vemos las cimas del otro lado del valle de Benasque, como el Posets (3375 m) o el Perdiguero (3222 m). Al sur, imponente, el Ballibierna (3067 m) con los característicos pliegues rocosos de su cima. Detrás de él emergen tímidamente las montañas de Cerler (Basiber y Gallinero) y,aún mas lejos, el macizo del Turbón.
Al este, en primer término la cresta de Salenques, posiblemente la mas famosa del Pirineo, une el collado del mismo nombre con el pico Margalida. Se trata de un precioso recorrido de dificultad media por torres, agujas y muros de granito compacto,de algo mas de 1 Km de longitud. Desde nuestro privilegiado mirador distingo los distintos pasos de este recorrido, y rememoro nuestras andanzas cuando lo realizamos hace años, en Julio del 1979. En especial, recuerdo el vivac que hicimos a mitad de la cresta, a mas de 3000 metros de altura?
Se había puesto el sol y estábamos al final de la zona horizontal de la cresta, justo antes del inicio de las dificultades. Buscamos un lugar para dormir, pero no había ninguno bueno. Finalmente, nos resignamos a tumbarnos en una canal inclinada hacia el sur y llena de piedras, que curiosamente estaban colocadas de forma que nos machacaran las partes mas sensibles de nuestra anatomía. Desde esta atalaya disfrutábamos de un panorama fantástico, de esos que sólo se ve en los vivacs a gran altura. Los valles se habían cubierto de un mar de nubes del que solo sobresalían las cimas mas altas. Las últimas luces del día daban una tonalidad lechosa a la imagen, que hacía que el paisaje fuera aún mas alucinante.
Al estar a principios de Julio había bastante nieve, y al ocultarse el sol la temperatura cayó en picado. Además, una suave brisa aumentaba la sensación de frío. Metidos en los sacos comimos y bebimos un poco, pero no conseguíamos estar calientes. Nuestros cuerpos se habían enfriado y temblábamos cada vez mas convulsivamente. Habíamos leído que cantar hacía pasar el frío. Lo probamos con voz en grito, pero lo dejamos al cabo de un rato, pues además de no surtir efecto, empezamos a temer que se formara una fuerte borrasca que complicara aún mas nuestra situación.
Por fin tuve una idea genial. Si los refranes tienen una base verdadera, ¿por qué no experimentar aquel de que ?entre en pet y una llufa el llit calent com una estufa?? (entre un pedo y una ?llufa? la cama caliente como una estufa). Así que empezamos a tirarnos pedos, a cual mas ruidoso, grosero y espectacular, que celebrábamos ruidosamente con vítores y risas. Para dar mas efecto al momento, anunciábamos la llegada de cada proyectil, y guardábamos silencio para poder escucharlo con todo detalle. Después le dábamos puntuación...
Todo este ejercicio surtió el efecto deseado. No paso mucho tiempo antes de conseguir dentro del saco una temperatura mas que aceptable, aunque las circunstancias obligaban a que la cabeza no pudiera disfrutar de este confort. Pero del uso viene el abuso, y el cuerpo tiene unos límites. Llego un momento en que la producción gaseosa fue perdiendo en calidad y cantidad. Deberíamos haber parado. Ya estábamos bien. Pero no.. Además de calentarnos nos lo estábamos pasando bien y queríamos mas juerga...
Siguiendo las indicaciones de Santiago, que por algo era estudiante de Medicina, empezamos a forzar el organismo realizando bruscos movimientos abdominales a la vez que zarandeábamos todo el cuerpo. Con esto, además de aumentar la producción de calor, favorecíamos la formación de gases en la última sección del intestino que, con un forzamiento controlado de los músculos abdominales, expulsábamos al exterior.Al principió funcionó. Pero después la cosa no iba, y empezamos a forzar mas de la cuenta. Finalmente, pasó lo que había de pasar. Un pedo, no voy a decir de quien, salió con acompañamiento? Entonces en medio de la noche se oyó voz sorprendida y angustiada que gritaba por encima de los glaciares : ?Tio que m´he cagat? , y al momento, una brutal y estertórea carcajada lleno todo el valle de Salenques?
La continuación de la historia fue muy dura para uno y dulce para el otro. Quien sufrió el percance tubo que salir del saco, sacarse los calzoncillos y limpiarlos como buenamente pudo (no llevábamos de recambio, pues se había de ahorrar peso). Con todo esto se volvió a enfriar, aunque no demasiado, al realizar la operación con gran rapidez y eficacia. Además el saco ya estaba caliente, y al volver al mismo no le costó recuperar un nivel térmico aceptable. El que fue espectador, se descojonó tanto, que se calentó sobradamente para el resto de la noche, hasta el punto de tener que abrir un poco el saco para no agobiarse. No hubieron mas incidentes. Finalizamos el ?Pet Show? y no tardamos en estar profundamente dormidos.
Por la mañana continuamos la escalada y alcanzamos, sin mas problemas que algunas pérdidas del itinerario, la cima del pico de Margalida. Al ver que la cima del pico de Tempestades estaba muy cerca, continuamos por la cresta hasta la misma, donde paramos a descansar. Nuestra intención era proseguir hasta el Aneto, pero el tiempo se estaba complicando y no lo vimos claro. Así que descendimos hacía el Valle de Ballibierna, y de allí a Benasque, salvando mas de 2000 metros de desnivel ¡en menos de 4 horas! Y es que con 20 años se hace cualquier cosa?
Pero volvamos al Russell. Estaba describiendo el panorama desde la cumbre. Mas al este de la cresta de Salenques, aparecen el pico de Salenques (2992 m) y el Tuc de Mulleres (3010 m). Precisamente en esta cima fue donde nos encontramos dos días antes, tras ascender por distintos itinerarios. Santiago subió con su familia por el norte, desde el Valle de Benasque. Yo lo hice con Encarna por el Sur, desde la Boca S del túnel de Viella. Fue un encuentro esperado,pues los dos sabíamos que ese día ascenderíamos la misma montaña y por donde, pero no por ello curioso, pues no habíamos quedado en ninguna hora y llegamos a la cima con 10 minutos de diferencia. Además, era el primer 3000 de los hijos de mi amigo, lo que hacía de la excursión algo especial.
En la cima hacemos muchas fotos. Algunas bastante pintorescas aprovechando la ?Varita Mágica?? ¡que vergüenza hacer estas cosas a nuestra edad! ¡si alguien nos viese?! También comemos, bebemos y llamamos por teléfono a nuestras señoras para decirles que todo va bien y sin percances. No hago mas que guardar el teléfono cuando, observando el cielo, veo que podría haberme callado. Y es que, en poco rato, y sin que nos hayamos dado cuenta, por el este y por el sur han aparecido dos grandes grupos de negros nubarrones.
El camino de vuelta es mas largo que el de ida, por lo que será mejor no perder tiempo. Son las 12.30 h cuando recogemos las cosas y, sintiendo mucho dejar este lugar al que tanto nos ha costado llegar, empezamos a bajar por la vía normal. Este itinerario es fácil pero bastante impresionante, y mas yendo de bajada. Primero descendemos unos 50 metros por las pedreras que cubren la llanura cimera. Hay buena traza de sendero y muchos cairns. Llegamos a la salida de una canal bastante derecha y descompuesta de la que no vemos la base. Como yo soy el único que ya ha bajado por aquí, aunque hace tantos años que no recuerdo nada, me toca ir primero. No hay más problema que controlar las piedras sueltas y no acelerarse. Con todo, los primeros pasos de bajada los hago con un poco de aprensión. Y es que el lugar es tan espectacular, que no puedo evitar pensar en la posibilidad de que esta no sea la canal de la vía normal, y que pueda quedar cortada mas abajo...
Afortunadamente mis temores son falsos. Tras bajar los primeros 50 metros de canal, puedo ver que continua recta hasta una estrecha cornisa que, por encima de unos cortados, se desplaza a la derecha (N-E) en horizontal en dirección a la una inmensa pedrera que delimitan los picos de Russell, Margalida y Tempestades. Ahora si que identifico este itinerario con el de la vía normal. Al momento me tranquilizo y relajo pensando que se han acabado las dificultades.
Una vez mas la prudencia nos separa. Yo bajo unos 50 metros por delante de mi amigo. Ahora, al revés que a la subida por la diagonal de la cara sur, la responsabilidad de no tirar piedras es suya. Pero el compromiso es mucho mayor, pues esta canal baja recta y cualquier piedra podría hacer diana sobre mí. Como yo no tengo esa preocupación, bajo mas ligero.Destrepo un par de escalones rocosos que interrumpen la canal, y en unos 15 minutos alcanzo el principio de la repisa . No me paro y la recorro hasta casi su final. Este paso, de unos 100 metros de longitud, es fácil pero algo impresionante, al quedar colgado sobre unos cortados. Llego a una pequeña brecha desde la que sale una canal muy derecha que, en ligera diagonal, baja a la pedrera, unos 50 metros mas abajo. En esta brecha me paro para esperar a Santiago y aprovecho, como no, para hacer fotografías y marcar la posición en el GPS que indica una altura de 2950 metros.
Poco después llega mi amigo. Ahora solo queda destrepar la canal y alcanzar la pedrera, lo que hacemos a las 13.00 h. Desde aquí los picos de Margalida y de Tempestades están a tiro de piedra y por terreno sencillo, pues la pedrera llega cerca de las dos cimas. Calculo que en tres cuartos de hora podríamos subir al Margalida y después, en media hora escasa, recorrer la cresta de bloques que lo separa del Tempestades. En total unos 90 minutos. Aún hay fuerzas, no es tarde y quedan muchas horas de luz.
Pero el tiempo ha cambiado. El cielo ahora ya esta casi cubierto de negras nubes y nos vemos venir una tormenta. Por lo que dejamos los dos picos para mejor ocasión. A fin de cuentas nuestro objetivo ya se ha cubierto, y los dos ya hemos subido anteriormente a esas dos cimas. No vale la pena exponernos a una tormenta por dos repeticiones.
El lugar en el que estamos es el punto mas alejado de toda la excursión. Ahora, para volver, nos espera un trazado largo y complicado, que habremos de realizar a toda máquina, si no queremos que nos coja la tormenta en terreno poco recomendable.
Empezamos a bajar en dirección sur y paralelos a la pared oeste del Russell, que queda a nuestra izquierda. El terreno es poco inclinado y muy entretenido. Debemos salvar, de la mejor manera posible, enormes bloques de granito, algunos grandes como casas. Intentamos ir deprisa, pero nos parece que el avance cunde poco. Además, hemos de ir con cuidado, pues una caída al saltar de bloque a bloque podría tener malas consecuencias.
A las 13.00 h llegamos a un balcón de la pedrera situado a unos 2700 metros, situado al nivel del espolón que separa las paredes O y S-O del pico Russell. Desde aquí dominamos una amplísima canal que, con resaltes rocosos y tarteras inestables, baja desde la base desde la pared S-O y la cresta S del pico. La reconozco, pues la remonté en mi ascenso al Russell del 1978. Me maravillo mi fuerza y moral de entonces. Por el lado opuesto al que nos encontramos, esta canal queda limitada por un alto cordal de rocas y hierba que se desprende de la cresta S. Este cordal separa la canal del valle de los lagos de Ballibierna, y presenta un estrecha brecha situado a unos 2658 m. Es el collado Soler y Coll. Este punto es la clave para nuestro retorno, al ser el único punto por el que se puede acceder, desde donde estamos y sin perder altura, al alto valle de Ballibierna.
El cielo ahora es totalmente gris. Empezamos a oír truenos, todavía lejanos. Paramos lo justo para estudiar el itinerario. Después continuamos acelerando el ritmo de marcha. Casi corriendo sorteamos losas, rocas y prados inclinados. Es importante llegar a los lagos de Ballibierna con el terreno seco, pues el descenso desde el collado Soler y Coll es por una canal herbosa muy pendiente, que mojada seguro será peligrosa. Con una ligera bajada en diagonal en dirección S-E iniciamos el flanqueo de la gran canal a tres cuartas partes de su altura. En diez minutos estamos en el eje de la misma. Ahora nos dirigimos hacia el cordal, trazando una diagonal descendente en dirección S-O que nos ha de llevar un poco por encima del collado.
A las 13.20 h alcanzamos las rocas que coronan el cordal y seguimos por ellas. Los truenos ahora suenan cerca y empieza a gotear. ¡Mierda, demasiado pronto! Las rocas están cubiertas de liquen y al mojarse se vuelven resbaladizas. En dos puntos estoy a punto de caer. Hemos de bajar el ritmo. Ahora ya no tiene sentido correr, sino todo lo contrario. Por fin, caminando casi con sigilo y en medio de un intenso aguacero, alcanzamos el collado Soler y Coll a 2658 m. Sólo son las 13.30 h. Definitivamente el tiempo se ha liado, ¡y de que manera!
No hay lugar donde protegerse. Así que en el mismo collado nos descargamos y sacamos el equipo antilluvia. En mi caso consiste en un chubasquero o ?cagoulle? de nylon impermeable con mangas, y en una funda del mismo material para la mochila. El chubasquero me cubre hasta medio muslo y, con el pantalón corto, no me protege la parte inferior del cuerpo. El viento se ha intensificado y complica la colocación del chubasquero. Sobre todo a Santiago, que lleva una capa que protege a la vez el cuerpo y mochila, y que no hay manera de ponérsela correctamente. Finalmente, entre los dos conseguimos que quede mas o menos colocado. Con alguna cremallera sin cerrar, y cara de resignación y circunstancias, mi amigo queda mas o menos ?protegido? de los elementos. Este es un ?momento Nescafé ?, de esos que después se recuerdan y explican con simpatía. Por eso tomo una fotografía para inmortalizarlo. Asimismo, y en previsión de otras situaciones parecidas, dejo la cámara a cubierto pero sin guardarla en la mochila.
Asiendo con fuerza los bastones proseguimos el descenso. Como si alguien lo estuviera esperando, un gran relámpago cae cerca nuestro acompañado de un trueno ensordecedor. El viento y la lluvia se intensifican. Empieza a granizar. La niebla nos envuelve reduciendo la visibilidad a unos pocos metros. ¡El capullo que controla el clima no podía escoger un momento mejor para dar por el culo!. Ahora que hemos de bajar por una empinada canal de hierba de casi 200 metros de desnivel... ¡ Y ojo !, que primero hemos de encontrarla?
Por primera vez en lo que va de excursión Santiago toma la delantera. A él le van estos follones. Yo le sigo como si pisara mierda. La suela de mis viejas botas está totalmente gastada y en hierba mojada no agarra nada. Ninguno de los dos ha estado antes aquí. No hay o no vemos cairns, ni rastros de sendero. O sea, que vamos a la aventura. Desde la brecha bajamos primero hacia la derecha (O) unos cuantos metros. Al encontrar unos espolones rocosos, cambiamos de rumbo y vamos a la izquierda ( E). Con esta maniobra salvamos la parte superior de la pendiente, que es la mas empinada, y alcanzamos una inclinada canal que suponemos que es por donde se baja. Y no nos equivocamos?
El festival de rayos, truenos ,agua ,granizo y viento continua sin parar. Solo falta que nos tiren piedras? Pero una vez metidos en el ajo, casi no nos importa. Además, estamos tan concentrados en apoyar los pies sin resbalar, que no miramos arriba, con lo que sólo nos llega el reflejo y el ruido de la tormenta.
Tal vez sea por los años de montaña, o porque soy algo inconsciente, pero lo cierto es que, una vez en la canal, me tranquilizo y empiezo a ver la situación con otros ojos. Ahora, mientras bajo lentamente por la inclinada y resbalosa pendiente de hierba y piedras, pienso que esta es una aventura como las de antes, y disfruto de ella al máximo. Nunca me han dado miedo las tormentas, aunque si respeto. Siempre he pensado que la probabilidad de que te de un rayo en un terreno como el que estamos es prácticamente nula. Con todo, lo mejor es no tentar a la suerte.
Poco a poco descendemos la totalidad de la canal. Antes de llegar a su base la niebla se abre y vemos, un poco mas abajo, el lago superior de Ballibierna. No llegaremos hasta él, sino que comenzamos a flanquear las pendientes de hierba y pedreras situadas sobre el mismo, en dirección a la vertiente opuesta a la que estamos. Allá arriba, un poco a la derecha, vemos el collado de Ballibierna, incluso distingo el poste señalizador junto al que encontré los prismáticos. Mas a la izquierda, se adivina mas que ve el Collado de los Isards, en el que estábamos cinco horas antes. La parte superior de la montaña se esta blanqueando por el granizo. La tormenta no cesa, pero no es continua, presentando etapas de mayor y menor intensidad. Incluso en algún momento parece que finaliza, y casi llega a dejar de llover. Pero antes que tengas tiempo de creértelo se reactiva con mas fuerza.
Para llegar al collado de Ballibierna hemos de subir unos 250 metros de desnivel por grandes pedreras. Nos tomamos la cosa con filosofía. Poniendo la reductora subimos muy lentamente pero sin parar. Por otro lado tampoco podemos ir muy deprisa, pues llevamos realizado bastante desnivel y empezamos a notarlo. Las piernas y los pies están empapados, pero por suerte el cuerpo se mantiene seco. Poco a poco bordeamos todo el alto valle de Ballibierna. Al quedar en la vertical del collado, iniciamos un ascenso directo que suavizamos haciendo lazadas. El suelo esta plagado de torrentes, y cuando no hay piedras, la tierra esta blanda y pastosa, como si fuera un barrizal de arena. A media subida encontramos marcas rojas y blancas. Ya estamos en el GR.
Seguimos por el camino, que está tan mal como el resto. Me concentro en poner un pie delante del otro y subir de forma automática. Fijo la mirada en el suelo y me aíslo en mi chubasquero, como si fuera en un vehículo. Tal es el grado de concentración que, por momentos, me parece estar viendo una película, que no estoy aquí. Así, un poco en plan gurú, finalizamos la subida. A las 15.00 horas alcanzamos el collado.
Llevamos mas de 90 minutos de una tormenta que, justo en estos momentos, alcanza la máxima virulencia. La intensidad y cantidad de los rayos y de los truenos llega a su clímax. El granizo cae con gran violencia y nos molesta. El viento y la precipitación nos cercena la cara y las partes de nuestro cuerpo que no están protegidas. Con todo, y a pesar de los elementos, paramos brevemente para marcar la posición en nuestros GPS, hacer una fotografía y despedirnos de un pico Russell al que no vemos.
De ahora en adelante el camino no es conocido y está bien marcado. El cabroncete del tiempo ya puede hacer lo que le salga de las narices, si es que puede hacer mas cosas. Quien sabe, incluso podría nevar. Pero alejo rápidamente estos pensamientos de mi cabeza, no sea que alguien me los lea y tome las ideas?
Tras unos minutos de parada, proseguimos con nuestra bajada. Es curioso como la borrasca ha cambiado el terreno, que está irreconocible. Andamos despacio y algo separados. Cada uno a su bola y con sus pensamientos. Mas abajo la tormenta cesa y para de llover. Las nubes se abren y contemplamos las partes altas de las montañas salpicadas de granizo, como si acabara de nevar.
De repente una voz que sale no se de donde me da un susto de muerte: ?Usted perdone, ¿viene de arriba??. ¿Pero quién me está hablando?. ¿Será un espíritu o algo parecido, o el encargado del tiempo que viene a comprobar nuestro estado.? No, nada de esto. Son dos montañeros que, como si fueran cangrejos, se han protegido bajo una piedra al lado del camino. Se han acoplado tan bien al poco espacio de que disponen que he pasado a su lado sin verlos. Los dos hombres ponen cara de ver una aparición cuando le digo que venimos del collado de Ballibierna. ?Pero hombre de Dios, ¿cómo se le ocurre subir allí con este tiempo??. Me quedo perplejo. Mi primera reacción es contestarles que hemos ido a recolectar una raza especial de caracoles albinos muy preciada, que sólo vive allí y que salé cuando hay tormentas tan cabronas como esta. Después pienso que es mas elegante decir que no tenía nada mas que hacer. Finalmente me decanto por explicar la verdad... Pero no los veo muy convencidos... ¡Seguro que se habrían creído más lo de los caracoles! Los montañeros nos explican que iban a dormir a la cima del Ballibierna, pero que con este tiempo posiblemente se irían para abajo. Les decimos que es una buena decisión. Nos despedimos y continuamos bajando. Mas adelante encontramos otro chico, también bajo una piedra, que, como los anteriores espera una mejoría de tiempo. Se repiten una charla parecida a la anterior. Por último nos cruzamos con una pareja de franceses que iban de paseo?¡Buen día para dar una vuelta!
Así, encontrando gente, disfrutando del paisaje y cuidando de no rompernos la crisma con un resbalón, alcanzamos el lago de Botornas a las 16.00 h. Hace rato que no llueve. Nos sacamos los chubasqueros, pero no los dejamos muy lejos. Veinte minutos mas tarde alcanzamos los prados del valle de Llauset e iniciamos el flanqueo de la presa. En la parte mas elevada del mismo hacemos una parada para hacernos una foto, con el fondo de los picos de Ballibierna y del collado de Llauset enblaquinados por el granizo e iluminados con una luz muerta. El conjunto es de una gran belleza y tiene un aire misterioso e irreal.
Por fin, a las 16.40 h, y en medio de otro aguacero, llegamos el coche. En total hemos estado unas 10 horas de marcha y hemos realizado cerca de 1400 m de desnivel.
Yo me refugio en el túnel y espero a que traiga el coche. Una vez a cubierto, nos sacamos la ropa empapada y nos ponemos otra seca. Después de mas de tres horas de caminar con lluvia, granizo, frío y viento, la piel de las manos está arrugada, los músculos entumecidos, y el contacto con las prendas secas nos proporciona una agradable sensación. Comemos algo y bromeamos comentando los incidentes del día: ?Suerte que el tiempo iba a ser bueno, pues de lo contrario no se que hubiera pasado??
Santiago esta radiante, satisfecho, feliz? En un momento dado, se dirige a la puerta del coche y, mientras la abre me dice jubiloso: ?Saps Enric, el que mes m´ha agradat es que amb tota aquesta aventura no haguem pres el mes mínim mal?? (Sabes Enric, lo que mas me ha gustado es que con toda esta aventura no nos hayamos hecho el mas mínimo daño...) Entonces, y como si alguien quisiera castigarlo por su osadía, una repentina ráfaga de aire impulsa la puerta del coche, que se cierra atrapándole un dedo? Un brutal grito de dolor. Un semblante desfigurado. Un dedo hecho una mierda. Afortunadamente sólo ha habido aplastamiento y no rotura, por lo que, como mucho, no tendrá mas consecuencia que cambiar de uña. Es curioso, pero incluso este desgraciado accidente me recuerda al pasado?
Son cerca de las 17.00 h cuando iniciamos el retorno en coche. Ahora si que nuestra aventura se ha terminado y llega el momento de repasar mentalmente los hechos de este día. Mas tarde, ya en casa, pondré en orden las notas sobre la excursión y trazaré sobre el mapa las posiciones registradas en el GPS (las dos cosas me ayudarán a documentar este relato). También mostraré los prismáticos como si de un trofeo se trataran, y disfrutaré explicando cada una de las fotografías. Y es que cuando de verdad se disfruta una ascensión como esta es cuando la has finalizado. ¡Curiosa paradoja!
Para mi ha sido una salida fuera de lo normal. Y no solo por el trazado, por la ascensión a la cima o por la dura tormenta que soportamos. Lo que realmente la hizo excepcional fue que, tras muchos años, volví a hacer montaña de verdad con Santiago. Y es que ese día se combinaron el reencuentro y la aventura, en un coctel maravilloso que espero que pronto pueda volver a probar.
Ascensión realizada el 15 de Agosto del 2002 por Santiago Faus y Enric García
Relato acabado de escribir el 19.01.2003
Texto: Enric García
Fotografías: Santiago Faus
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