:: jueves 4 septiembre 2008 · 21:11:36 :: El Holandés Errante ::
Las explicaciones: (Como siempre, me he pasado; si os aburre, no lo leáis, os lo advierto)
En la primera entrega sobre el cinturón, hace mes y medio, ya expliqué los pormenores de éste. En el tiempo transcurrido le he cosido al arnés, la unión entre éste y los tubos del armazón, las cintas "tubulares" (dos cintas planas, cosidas por los bordes) por donde pasan esos tubos, las hombreras y parte del sistema para sujetar las fundas estancas y la esterilla (Z-Rest). El resto de ese sistema quedó pendiente (por falta de tiempo), pero eso no me impidió hacer una primera prueba este fin de semana pasado (en 2 días recorrimos unos 45 km. con un desnivel acumulado de poco más de 1700 m. de subida y casi 2400 m. de bajada por una parte de la Ruta Sulayr de Sierra Nevada).
Para seguir, quisiera haceros una "sencilla" pregunta: ¿Cuál es la mochila ideal? Obviamente, esa pregunta no es tan sencilla, ya que todos nosotros tenemos ideas distintas sobre cómo debería ser nuestra mochila.
Para mí, la mochila ideal obedece a las siguientes premisas:
•1. Que sea cómoda. Esto solo se puede comprobar "in situ". Como he dicho antes, este fin de semana pasado tocó hacerle la primera prueba y puedo decir que me ha gustado el resultado: Su comodidad es total. Naturalmente, andar sin nada de peso es todavía mejor, pero, objetivamente, la mochila TFD es muy confortable; ni el cinturón ni las hombreras se mueven, no presiona en ningún sitio y el peso (incluyendo la comida para 3 días y 2 litros de agua sumaba unos 13 kilos) no se ha dejado notar en ningún momento como molesto. Estoy convencido de que esa comodidad es mérito, en gran medida, del cinturón y las hombreras, pero tampoco hay que olvidar que la rigidez (vertical) que imprimen las secciones de los bastones al conjunto, traslada perfectamente el peso a las caderas, descargando los hombros. Por otro lado, precisamente la falta de rigidez en sentido horizontal (la parte baja de los tubos del armazón pivotea libremente en las uniones cosidas al arnés), permite que la parte superior de la mochila acompaña a los hombros en su movimiento natural siguiendo el balanceo de los brazos. Este era el principal problema de las mochilas antiguas con armazón exterior, cuya estructura de tubos de aluminio era muy rígida y el escollo que tenía que salvar en mi diseño, ya que quería la capacidad de carga de un armazón exterior, combinado con la comodidad de las mochilas modernas -que consiguen su rigidez por medio de unas láminas interiores-. Creo que lo he conseguido.
•2. Que sea fuerte y robusta. Pues, todas las mochilas se componen de varios elementos así que vamos a tratarlos uno por uno.
•a. El cinturón: Cualquier cinturón de cualquier arnés es infinitamente más fuerte que los cinturones normales de las mochilas, así que esta primera condición -en cuanto al cinturón- no me preocupa; el arnés Corax está suficientemente probado en escalada y para el uso que le voy a dar yo, va sobrado.
•b. El armazón: Si los tubos utilizados para el armazón están fabricados, en su uso como bastón, para que un cuerpo humano de 100 kg (mi caso) se apoye durante miles de kilómetros en los senderos de las montañas, no veo como no van a aguantar como armazón de una mochila que, como mucho, tendrá colgado unos 20 kilos (la mayoría de las veces, en circunstancias normales, no llega a los 15 y, al final de una travesía, cuando ya no queda comida, ni 10).
•c. Las hombreras: Éstas proceden de una mochila Greenvalley de más de 25 años y con mucho trote, las cuales, aparte del descolorido provocado por la exposición al sol, no muestran signos de desgaste alguno. Tienen pinta de poder aguantar otros 25 años más.
•d. El cuerpo principal: La parte donde se guarda el equipo (las fundas individuales) se pueden comprar tan fuerte como uno quiera. Aquí entra en juego el buscar un compromiso entre la ligereza y la robustez. Obviamente, cuanto más fuerte, más peso. Yo ya tenía dos fundas, de las marcas Vaude y Ortlieb, ambas con una capacidad de 20 litros y muy, muy robustas (quizás más de lo que realmente necesito). Las dos marcas tienen una escala muy amplia de modelos con diferentes materiales, calidad y capacidad, pero no pienso gastar más de lo necesario, por lo que, por ahora, utilizo lo que tengo y, la verdad, no necesito más (aunque me gustaría que fueran un poco más ligera).
•e. Las cintas: La mayoría de las cintas empleadas (negra con verde en las fotografías) son cintas de escalada, o sea, a prueba de bomba. Las cintas negras son cintas normales y, aunque no creo que se rompan, procuro tener 1 metro de esa cinta en mi "kit de reparaciones" para que, en caso de necesidad, pueda efectuar una "cura de emergencia".
•f. Las hebillas: Después de lo anteriormente escrito, me quedan -como único punto "débil" de todos los materiales empleados en la mochila TFD- las hebillas, que son más propensas a romperse. Pues, otro elemento de mi "kit de reparaciones" son: una hebilla grande para sustituir a la del cinturón y dos hebillas pequeñas. Con esto me doy por satisfecho, así que: Objetivo cumplido.
•3. Que sea modular. Quiero decir que tiene que caber todo lo que tenga que llevar a la montaña en cada momento, o sea, que su volumen sea adaptable a las circunstancias de la travesía. Otro objetivo cumplido, porque, utilizando las fundas estancas según la capacidad necesitada (Vaude las tiene de 12, 20, 40, 60 y hasta de 100 litros) y extendiendo los tubos convenientemente (para lo cual utilizaría las hebillas pequeñas del kit de reparaciones con un poco de cinta), tengo unas posibilidades ilimitadas. Exagerando mucho, podría llegar a colgar dos fundas de 100 litros. Obviamente eso nunca será necesario; en verano, para una travesía de 10 días, me sobra con 2 fundas de 20 litros + 1 de 10 l. para la comida (una funda Ursack V27).
•4. Que sea totalmente estanca. Eso no tiene nada que ver con la parte artesanal de mi mochila y depende por completo de las fundas que se empleen. En esta primera prueba, he utilizado las dos fundas ya mencionadas que tenía en casa. Ambas son totalmente impermeables (quiero decir sumergibles) y están sobradamente probadas en travesías en canoa, así que otro punto salvado.
•5. Por último: Que sea ligera. Aquí es donde falla. No es que pese mucho; el total del sistema (cinturón, armazón, hombreras y cintas de sujeción, incluyendo 2 porta-botellas) suma unos 1.150 gr. Añadiendo las dos fundas estancas de 20 litros (las dos juntas suman 518 gr.) para que el volumen sea igual al de mi TNF Terra 40 (de 1.770 gr.), la mochila TFD pesa algo menos que aquella (y por supuesto mucho menos que mi Vaude H2O de 3 kilos), pero no es todo lo ligera que hubiera deseado. Teniendo en cuenta que este es un prototipo hecho totalmente con materiales que ya tenía en casa (a excepción de los tubos del armazón), creo que se podría mejorar algo este aspecto (quizás unos 150 ó 200 gramos menos). Si además tenemos en cuenta que podría sustituir el cinturón del arnés por uno normal con el consiguiente ahorro de peso (eso sí, luego tendría que llevarme el arnés aparte), no creo que me estoy engañando a mi mismo si deduzco del peso total la parte que corresponda a las piezas que tengan múltiples uso (cinturón y tubos). El cinturón, como ya he explicado anteriormente, es parte del arnés y las secciones de los bastones me sujetan el avance de mi tarp, así que éstas las tengo que llevar de todas formas. Por lo tanto, deduciendo unos 150 gramos de las eventuales mejoras, y deduciendo también el peso de los tubos y el de la diferencia entre un cinturón normal y el del arnés, me dejaría el peso "neto" de la mochila en poco más de 1 kilo. No es la panacea, pero tampoco está tan mal.
Mejoras a efectuar después de la primera prueba.
•1. Cambiar el sistema de sujeción de la esterilla Z-Rest.
•2. Cambiar las porta-botellas por otras con funda térmica.
•3. Aprovechar el cambio de las porta-botellas para acortar el cinturón de la mochila (no el del arnés).
•4. Hacer una doble vuelta en la cinta del cinturón de la mochila para evitar que la hebilla pueda salirse.
•5. Cortar todos los sobrantes de las demás cintas (que son muchas).
•6. Reforzar las cintas que forman la unión de los tubos (armazón) y el arnés (cinturón).
•7. Anular la lámina de aluminio que mantiene la separación de los tubos del armazón (no le hace falta).
•8. Aprovechar esa anulación para incorporar un asa de izado (lo único que eché en falta durante la prueba). La lámina no sirve porque no tiene suficiente rigidez - tampoco estaba pensado para eso.
•9. Aprovechar la anulación de la lámina para sustituir las hebillas de arriba (junto con sus cintas - las que mantienen los tubos unidos al resto de la mochila) por otras del mismo tamaño que todas las demás hebillas.
•10. Terminar de coser las cintas para sujetar la segunda funda estanca y el Ursack (quedó pendiente por falta de tiempo antes de la primera prueba).
•11. Añadir unos "load-lifters".
•12. Inventar, idear, estrujar el cerebro, o como queramos llamarlo, para encontrar la manera de sujetar .........
•a. los dos piolets y los crampones,
•b. las cintas para atar el Ursack (funda para la comida),
•c. el reloj a las hombreras sin tener que modificar éste,
•d. las porta-botellas de tal modo que sean intercambiables con otras de distinto tamaño,
•e. una botella de 2 litros (la utilizo como ducha).
Cosas previstas que resultaron innecesarias después de la primera prueba.
•1. Tenía intención (como expliqué en el primer artículo) de coserle al cinturón un trozo de metal cuadrado (alguna lata) para que el punto de apoyo de los tubos del armazón se repartiera mejor y que no presionara en un punto fijo de las nalgas, temiendo que eso ocasionaría molestias. Pues, no tuve tiempo de hacerlo antes de la primera prueba y ahora puedo decir que no me ha molestado en absoluto; el grosor del acolchado del arnés es más que suficiente para evitar cualquier presión que resultase del peso de las fundas colgadas de los tubos del armazón. Por lo menos los 13 kilos de la prueba; cómo irá con 20 kilos, no lo sé.
•2. Otra cosa que tampoco pude terminar fue una funda cuadrada y aplastada (como un sobre de unos 40 x 40 cm) entre el armazón y mi espalda con idea de deslizar allí dentro mi esterilla auto-hinchable (doblada) para que ésta hiciera de acolchado para proteger mi espalda. Pues, tampoco hace falta. Es cierto que tuve la precaución de situar la funda que contenía el saco y la ropa a la altura de los omóplatos (el único sitio donde la parte alta de las mochilas suele tocar la espalda) y eso habrá ayudado bastante, pero la verdad es que los tubos del armazón no me han causado molestia alguna.
No incorporaré ninguna de esas dos cosas -inicialmente previstas- a mi mochila por lo que el diseño cada vez queda más sencillo y más limpio. Intento que el resultado final sea lo más simple posible. Cuanto menos, mejor: más ligero y menos cosas que puedan romperse.