En mi caso, sobre los cuatro mil metros, he tenido dificultades para hablar, como si tuviese la lengua hinchada, mareos que iban y venían, cansancio anómalo, algo de náuseas, y lo que es peor, la sensación de no estar muy lúcido. Es el cuadro típico de la falta de aclimatación.
Al descender quinientos o seiscientos metros, se me va casi de golpe.
Hay gente que apenas nota un ligero dolor de cabeza, y otros que no pueden dar un paso y hay que ayudarlos a bajar. Harás bien en llevarte paracetamol, iboprufeno, aspirinas o cosas así. Por las noches en el refugio lo puedes ver todo negro, pero por la mañana con la actividad el cuerpo se despierta y empezarás a sentirte mejor.
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